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lunes, 2 de agosto de 2010

No los monten tiernos, que luego los hacen pandos...

Con la parafernalia de un tercermundista homenaje se despidió Javier Hernández de sus chivas, las mismas de Vergara, en su momento de gloria, para emprender un viaje en búsqueda de trofeos, reconocimientos, y una que otra inglesa... que no está de más, en la Premier League.

Difícil la empresa del chicharito (bautizado como CH14 por nuestro cólega Daniel), pues el futbol inglés es sin lugar a dudas, la liga más fuerte del mundo. Es de notar, que son muchos quienes llegan y regresan con pena y sin gloria de aquellos lares. Pues no es nada fácil jugar allá. Christian Benitez, quién es un auténtico monstruo en el futbol mexicano, más dominante que el mexicano; también emprendió la aventura y simplemente no pudo convertirse siquiera en un jugador de medio pelo.¿Cómo le irá a Javier entonces? Y así, en estas condiciones se va el chicharito, con una gran responsabilidad, la de convertirse en figura para nosotros, famélicos de ídolos.

¿Qué tiene a su favor el Chicharito para convertirse en figura? Su futbol, su rapidez para rematar (muy rara en un mexicano), su pegada con ambas piernas, su cabeceo, su gran resorte. ¿Qué tiene en su contra? Nosotros. Sí; usted, yo, y todos los que le hemos firmado este cheque en blanco para encomendarle la tarea de convertirse en ídolo. Esa tarea, que se cumple, pero nunca por encargo, nunca por decisión de muchos. Convertirse en ídolo, es tarea y sacrificio de uno solo. Así que banda, tengamos paciencia... seamos más duros con nuestro chicharito. Exijamosle más. Un ídolo, no se hace de la noche a la mañana, un ídolo no se hace con un campeonato de goleo y un contrato en el Manchester United. Un ídolo, se forja a través de los años. Cosa, que a nuestro chicharito, le falta aún...

¿Por qué chingados despedirlo como algo que le falta mucho para ser?

Lucho

sábado, 12 de junio de 2010

En el año de 1989...

Escuela Primaria Urbana Federal "Cuauhtémoc", así se llamaba la primaria a la que asistí. Una peculiar escuela con una inagotable fuente de altercados: una sola cancha de futbol. Ahí recibí la más elemental (en el sentido exacto del significado de esta palabra) educación. Ahí aprendí sobre futbol. Y no, nunca aprendí a jugar futbol.

Les contaré sobre el glorioso año de 1989, donde nació, floreció y murió una rivalidad única e igualita a muchas otras, la rivalidad entre quinto "a" y sexto "c". Era el verano de 1989, el calor hacía mella en la terregosa, única y disputada cancha de futbol. Fue un cinco de septiembre de 1989 (lo verifiqué en el calendario, mi memoria ojalá y diera para tanto), primer día de clases. Después de escuchar al profesor Paco por dos horas seguidas hablar de operaciones aritméticas. Sonó el timbre que indicó el inicio del recreo y ahí comienza esta historia...

Salí del salón, confiado en ir jugar al futbol, con la pelota bajo el brazo, y caminando a la diestra de mi defensor (no en el sentido futbolístico, en el sentido más amplio de la palabra) el "patotas".

Tomaré una pausa para hablarles del "patotas" mi vecino, protector, mejor amigo y testigo en primera fila de mis primeros fracasos. En la cancha, si se la dabas al patotas en el área, siempre la resolvía; en geometría, si le pedían un área al patotas, nunca la resolvía. En gramática, nunca pudo conjugar. En la cancha, disfrutaba con jugar. El patotas solo defendió cuando me intentaron robar el lonche, cuando uno de sexto quiso pegarme (incluso uno de secundaria), o cuando me intentaron quitar áquel mesabanco; en la cancha, eramos los más malos quienes defendíamos. El patotas era pues, el mejor centro delantero que habían visto mis ojos. El mejor centro delantero de todo el mundo, de mi mundo en áquel entonces.

Volviendo al recreo, llegamos a la cancha, y tomamos la portería norte para jugar un "metegol"; ojos incrédulos nos veían como si estuviesemos, no sé... cagando una iglesia, por encontrar un símil. Los de sexto, que habían llegado a la portería sur, caminaron al norte y comenzaron a tirar en nuestra portería, intentando amedrentarnos. Hasta que el patotas con su voz ronca, por eso de la entrada a la adolescencia y con algo de coraje, les dijo que chingaran a su madre (así les dijo pues) y que si qué pedo, una cascara o unos putazos. Todos sabíamos que a pelear, no iban a ganarnos (bueno, no iban a ganarle al patotas) pero en el futbol, estaría muy parejo, y que sí, que comienza el partido.

Fue un espectacular partido y no, no por efecto dramático voy a mentir. Les pasamos por encima. Algo especial pasó ese día, dí seis asistencias. Sí, tan solo había que patearla pa'l área contraria y el patotas la metía. De cabeza, de zurda, de derecha, de tacón, hasta un gol con el hombro hizo.

Todo ese año la cancha fue nuestra. Nunca, nunca tuvimos que apurarnos para ganar la cancha, a partir de ese día pudimos ir a la "cooperativa" a comprarnos un gansito, un pau pau o unas lourdes, y después la cancha nos esperaba. Ganamos con goles, algo que solo con goles puede ganarse: el tiempo.

La rivalidad, siguió todo ese año. Y sí, muchas veces nos ganaron; muchas veces, el patotas falló una increíble; muchas veces el patotas, prefirió aprender a fumar; muchas veces, el patotas decidió no ir a la escuela.

Después de ver el partido contra Sudáfrica y recordar mi infancia, concluyo algo: Aguirre, debió llamar al patotas.

El Lucho

El patotas, hoy, se encuentra enfermo y tal vez no logre leer esto. Ojalá y sí. Todavía queda mucho por jugar.

jueves, 4 de marzo de 2010

Javier, ahí tienes a tu nueve, y es tu tocayo!

(escuchando yo no me llamo Javier, de Los Toreros Muertos)

Sí Javier, no busques más, no le des más vueltas, ahí tienes a tu nueve y se llama Javier. Se cansa de hacer goles con unos que se hacen llamar chivas, y cuando se ha puesto la verde(o negra) también está haciendo goles.

No mano, todos sabemos que tu principal preocupación es la de encontrar un nueve. Pues no batalles más, ya por fin puedes irte a tu cama (allá en Miami) a descansar sin estar buscando un nueve. Así es, Javier Hernández es y debe ser, y vamos... tu sabes que será el nueve titular de la selección.

No te preocupes por buscar delanteros, mejor cuida a este muchacho. Y vaya que necesitará que lo cuiden, pues ya llegan esas dulces voces lisonjeras a llenar de adjetivos a ese pobre sustantivo que le dicen chicharito. Sí, se oyen las voces aztecas, telerrisas, iespineras, de fotz, de todos lados... para ofrecer un nuevo sacrificio futbolístico.

Este muchacho, es buen jugador, de todos lados remata, tiene suerte, le pega con las dos piernas, es rápido, buen rematador, nombre... un nueve como pocos. Pero dejame decirte lo más importante Javier, lo fundamental.... no se trata de qué tan bueno sea Javiercito, no; se trata de lo malo que pueden ser Guillermote (franco), Aldote (de nigris), omar (bravito), Kikín (sí, yo todavía recuerdo al Kikín), Carlotes (Ochoa), no mames.

Sin duda, tenemos a un buen jugador, no hay quien pueda decirle algo a su promedio de gol por partido. Definitivamente uno de los mejores delanteros que hay en México. Pero tampoco, de ninguna manera, será el mesías que nuestra selección espera (o necesita?) y nuestros medios masivos de comunicación nos quieren poner.

Lucho (la parte que aún se acuerda del Kikín en EDMHDM)